MAR MENOR

“Quizás porque mi niñez sigue jugando en tu playa… llevo tu luz y tu olor por donde quiera que vaya”.

Así escribía J.M.Serrat acerca de “nuestro Mediterráneo”. Al final de la canción, pedía ser enterrado “en la ladera de un monte más alto que el horizonte”. En pocos años, va a ser el cantautor el que asista al entierro de ese mar que, “de Algeciras a Estambul”, marcaba con su “sabor amargo la piel”.

Pero fueron más de cien pueblos los que los de-constructores habían planificado para sus orillas, “amontonado en su arena” urbanizaciones, torres, chalét y un largo etcéteras que arrojan sin pudor algo más que “llanto eterno” a sus aguas.

Y si ese poderoso Mar Mayor, que desde hace milenios ha presenciado el paso de civilizaciones, está ahora amenazado, imaginaos la delicada estructura del Mar Menor, un ecosistema único en el mundo, el que el Creador tuvo la mala idea de colocarlo en estas tierras.

Esta perla no solo no ha sido protegida por los políticos que votamos, si no que se han dedicado a destruirla, a eliminar las leyes que la defendían, a rapiñar sus recursos y explotar los alrededores, con la excusa del progreso, del trabajo que proporciona la actividad turística y agrícola.

A mí, como Juan Manuel, también amontono recuerdos en su orilla, y me duele ver con qué dejadez están dejándolo morir, comó están enterrando mis recuerdos de aguas limpias, cristalinas y arena blanca entre fangos, medusas y peces muertos.

Porque es mentira que vayan a hacer algo para salvarlo como mentira fueron los planes anteriormente aprobados y sin cumplir. En cuanto pase el foco mediático, volverán los buitres a planear sobre sus aguas y tierras.

Porque los buitres no tienen recuerdos de niñez, quizás nunca fueron niños. No saben lo bello que es escarbar en la arena buscando pitufos (cosas de padre e hija) o berberechos, pescar con una botella y mollas de pan, para después devolver las pequeñas capturas al mar. No conocen el placer de recorrer descalzo la orilla buscando conchas para hacerse un collar.

Así que, si ahora alguna vez caminan de la mano de su niño por algún paseo marítimo de nuestro mar, en vez de mirar hacia la orilla y soñar despiertos, miren los solares que hay al otro lado del paseo, calculando cuántas casas se podrían hacer.

Por eso se hace necesario defender todo lo que es nuestro, nuestro mar, nuestros intereses, nuestro futuro y luchar por dejar un buen legado.

Nos vemos en las calles para que escuchen que esto nos duele.

MANIFESTACIÓN 30 DE OCTUBRE 2019. – CARTAGENA –

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